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Las abejas reclaman la ayuda de nuevos apicultores

Published on 14/12/2016 under Blog
Las abejas reclaman la ayuda de nuevos apicultores

Las actitudes hacia los polinizadores tienen que cambiar y una nueva generación necesita ser educada para dar valor de las abejas y frenar las amenazas a su existencia.

El compromiso de las ciudades y los ciudadanos por la protección de las abejas, se anticipa como una explosión en la demanda de servicios de formación y asistencia técnica, un crecimiento de la demanda que jamás antes hubo en la historia de la apicultura.

 

El maravilloso mundo de las abejas no atrae

Una colonia de abejas (de la miel o Apis mellifera) es un superorganismo! Todas las abejas tienen que trabajar juntas para que la colonia sobreviva, ninguna abeja puede sobrevivir por sí misma, menos de 5.000 abejas no pueden considerarse un ser vivo, tampoco sobrevivirán no están organizadas en gremios de labores y no mantienen una reina fértil.

La colonia tiene una reina que pone todos los huevos, y aproximadamente 3.000 zánganos (machos) y entre 50.000-60.000 abejas obreras hembras en el momento de mayor vivacidad de la primavera. Los zánganos morirán en el otoño y la colonia se quedará con tan solo unas 5.000-7.000 obreras para mantener el nido al ‘ralentí’ durante el invierno.

Las abejas obreras recogen el polen, néctar y agua para alimentar a la colonia, con especial mimo a sus larvas. Al hacerlo, polinizan las flores, frutas, hortalizas y cultivos. Su generoso servicio de polinización garantiza que haya alimentos para los seres humanos y otros animales de ganadería que también comerá el ser humano.

Los apicultores dan más espacio a las colonias ampliando las cajas de las colmenas. Para las abejas de la miel disponer de más espacio significa dos cosas: Pueden tener más población y pueden almacenar más reservas de alimento, la miel. Por lo general, al inicio del otoño la buena labor de un apicultor retirará el espacio sobrante (alzas mieleras) y la colonia reducirá su población para afrontar el invierno con las cantidad de abejas adecuada para las reservas de miel que quedan en su casa, la caja de cámara de cría.

De ahí proviene la miel que pones en tu pan tostado o en tu leche, la miel que ayuda a que tu cuerpo sane de enfermedades.

Las abejas enseñan valores

Conocer el mundo de las abejas añade más conocimiento sobre la naturaleza, y nuestros escolares y estudiantes siempre lo agradecen:

  • Las abejas son los polinizadores vitales para nuestra cadena alimentaria. Una tercera parte de los alimentos que comemos no estaría disponible si no cuidamos a las abejas. ¿Cuánto es una tercera parte? mucho, sería lo que te quedaría si retiras de tu despensa los cereales, pescados y algunas carnes, pero no quites todas las carnes, pues incluso gran parte de la ganadería también se alimenta gracias a los polinizadores.
  • Abejas, al igual que otros insectos, son parte de fundamental de nuestra seguridad alimentaria. Los polinizadores están en la base de la pirámide alimentaria, la cadena trófica. Son tan importantes como el plancton lo es para los seres vivos del mar.
  • La vida social de la colonia de abejas proporciona un ejemplo modélico para avanzar en una estructura social donde todos los individuos o ciudadanos cooperan por el bien común.
  • Las abejas son ejemplos de adaptación evolucionada, unas líderes de la biodiversidad. Han desarrollado modelos sociales, herramientas en sus extremidades para cosechar y hacer labores de campesinas en el campo; o más increíble aún, han creado un catálogo de medicinas de alta tecnología (propóleos, polen, miel, veneno, cera).
  • Las abejas son ingenieras genéticas, gracias a sus servicios de polinización creció y se fortaleció la importante diversidad genética de las plantas, y por tanto de los animales. Las abejas llevan decenas de millones de años ayudando en la evolución de las plantas para que éstas se adapten a las condiciones del entorno y sobrevivan. Por tanto gracias a las abejas, y otros pequeños animales que ignoramos, se crearon las condiciones adecuadas para que fuese posible la vida de los seres humanos. Y sin abejas, no hay futuro.

Además, las abejas polinizan las flores de muchas plantas que se convierten en parte de la alimentación de animales de granja. También mantienen la vida de miles de “plantas de cobertura” que no se usan para la alimentación del ganado pero son una frontera para el control de plagas y enfermedades en los cultivos.

El valor económico de las abejas y abejorros, como polinizadores de cultivos se ha estimado en más de 22.000 millones de euros/año en la Unión Europea. La desaparición de los polinizadores supondría la pérdida de millones de puestos de trabajo en nuestros países, afectando a 1.400 millones de empleos en el mundo.

Las abejas (más de 20.000 especies) están en peligro de desaparecer de nuestro entorno. Las prácticas agrícolas industriales afectan a los hábitats naturales a un ritmo tan alto que apenas da posibilidades al restablecimiento natural de sus poblaciones. La abeja de la miel está siendo atacada por el ácaro Varroa destructor, y es sólo el tratamiento y atención prestada por los apicultores lo que mantienen colonias vivas de abejas vivas para el futuro. La mayoría de las colonias de abejas de miel silvestre han muerto como consecuencia de esta enfermedad, la varroasis.

Qué podemos hacer

Estos factores, junto con una disminución o envejecimiento en el número de apicultores, reclaman de la sociedad una respuesta activa, para proteger el medio natural e incorporar a más personas a la apicultura ecológica. Nuevos apicultores comprometidos con la naturaleza viva y diversa, practicando una apicultura libre de dependencias de sustancias tóxicas y manejos estresantes de la industria de la apicultura convencional.

La apicultura es en gran medida un hobby. Hay apicultores con dedicación exclusiva pero su número es muy pequeño, la gran mayoría de ellos utilizan la apicultura como parte de sus ingresos y como conexión con el mundo rural.

El buen apicultor comienza participando en cursos de introducción a la apicultura y realizando prácticas que ayuden a comprender el azaroso pero maravilloso arte de la apicultura. Esta formación debe ser previa a la inversión en equipamiento o compra de enjambres de abejas. Las asociaciones de apicultores o entidades como ecocolmena ofertan cursos de formación y guían a los nuevos apicultores por la senda correcta.

Muy pronto la apicultura urbana será una realidad en todos los países, conscientes del valor que aportan los polinizadores a nuestra seguridad alimentaria. El compromiso de las ciudades y los ciudadanos por la protección de las abejas, se anticipa como una explosión en la demanda de servicios de formación y asistencia técnica, un crecimiento de la demanda que jamás antes hubo en la historia de la apicultura.

Las actitudes hacia los polinizadores tienen que cambiar y una nueva generación necesita ser educada para dar valor de las abejas y frenar las amenazas a su existencia.

 

 

Autor

Jesús Manzano

CoFundador de ecocolmena
Profesor y consultor de apicultura